¿Qué pasa cuando te aguantas un pedo?
Las situaciones sociales llevan siglos empujando a los humanos a contraer, apretar y posponer estratégicamente lo inevitable. Pero ¿qué le ocurre realmente al pedo que te niegas a soltar? La respuesta breve es que no desaparece. Espera. A veces con paciencia, a veces no tanto. La fisiología del gas retenido es más interesante —y más relevante— de lo que la mayoría imagina.
Qué significa realmente aguantarse un pedo
La supresión voluntaria de la flatulencia implica contraer conscientemente el esfínter anal externo —un músculo estriado bajo control voluntario— para impedir el paso del gas. El esfínter anal interno, que es músculo liso e involuntario, se relaja durante la distensión rectal para permitir el paso, pero el esfínter externo puede anular este reflejo durante un tiempo limitado. Mientras tanto, el gas sigue acumulándose en el recto y el colon sigmoide, provocando un aumento de la presión intrarrectal. La incomodidad asociada a aguantarse un pedo es principalmente mecánica: el estiramiento de la pared cólica y la presión sobre las estructuras circundantes, incluida la vejiga y la musculatura lumbar.
La reabsorción del gas: el plan de reserva del cuerpo
Cuando el gas se retiene, el cuerpo reabsorbe parcialmente algunos componentes a través de la mucosa del colon. El dióxido de carbono es el que se reabsorbe con mayor facilidad; el hidrógeno y el metano se absorben en menor medida. Sin embargo, este proceso es demasiado lento para gestionar el volumen total de gas en un tiempo razonable. Una cantidad significativa de gas retenido simplemente se redistribuye: migra de vuelta hacia el colon proximal, contribuyendo a la distensión abdominal y esa característica sensación de «lleno». La fermentación bacteriana continúa sin pausa durante este tiempo, produciendo a menudo gas adicional y agravando el problema. El efecto neto es que la retención generalmente retrasa en lugar de eliminar la expulsión.
El gas no desaparece: escapa más tarde
El gas intestinal retenido debe encontrar una salida en algún momento. Las dos vías principales son el ano —inevitablemente, en algún momento posterior— y, para el gas que ha sido reabsorbido, los pulmones a través del torrente sanguíneo. Las pequeñas cantidades de hidrógeno y metano absorbidas a través de la mucosa del colon entran en la circulación portal, son procesadas por el hígado y finalmente se exhalan. Por eso los tests de hidrógeno en el aliento se utilizan como herramienta clínica para medir la fermentación intestinal. Los gases retenidos durante las horas de vigilia emergen habitualmente durante el sueño, cuando el esfínter anal externo se relaja de forma involuntaria. Esto explica un fenómeno que ha desconcertado a muchos compañeros de cama.
Consecuencias para la salud de la supresión regular
La supresión ocasional de gases es inofensiva. Sin embargo, aguantarse los pedos de forma crónica se asocia a varios resultados negativos. La presión persistente en la región rectosigmoidea puede contribuir a la progresión de la enfermedad diverticular en individuos susceptibles. La distensión prolongada puede llevar a la desensibilización rectal con el tiempo, afectando potencialmente al reflejo defecatorio normal. La distensión abdominal y el malestar son las consecuencias más inmediatas. No existe evidencia creíble de que la supresión de gases cause la rotura intestinal —el colon es extraordinariamente distensible—, pero el malestar por sí solo es una buena razón para buscar un momento de intimidad. Tu colon te lo agradecerá. Si los síntomas persisten, consulta a un médico.
¿Sabías que?
- El esfínter anal externo puede mantener la contracción voluntaria durante varios minutos antes de que el malestar se vuelva agudo.
- El hidrógeno y el metano retenidos pueden detectarse en una prueba de aliento, que se usa clínicamente para diagnosticar el SIBO y la intolerancia a la lactosa.
- El colon puede acomodar hasta 3 litros de gas sin romperse en condiciones patológicas.
- La presión del gas rectal se monitoriza en estudios clínicos de manometría mediante sondas de balón insertadas por vía rectal.
Dato curioso
Un estudio de 2019 en el Hospital Royal Victoria de Belfast utilizó resonancia magnética para rastrear el movimiento del gas en tiempo real durante episodios de supresión, confirmando que el gas retenido migra de forma retrógrada hacia el colon proximal en cuestión de minutos (Marciani et al., 2019).
Fuentes
- Azpiroz, F. & Malagelada, J.R. (1987). Variaciones fisiológicas del tono intestinal canino medidas con un baróstato electrónico. American Journal of Physiology, 252(5), G601–G607.
- Serra, J. et al. (2001). Mecanismos de retención de gas intestinal en humanos: tránsito alterado frente a evacuación obstruida. American Journal of Physiology, 281(1), G138–G143.
- Levitt, M.D. & Bond, J.H. (1970). Volumen, composición y fuente del gas intestinal. Gastroenterology, 59(6), 921–929.
- Suarez, F.L. & Levitt, M.D. (2000). Comprensión del exceso de gas intestinal. Current Gastroenterology Reports, 2(5), 413–419.