Las flatulencias en la antigua Roma: banquetes, edictos y la diosa de las cloacas
Los romanos construyeron calzadas, acueductos y un imperio, pero también tenían opiniones firmes y sorprendentemente francas sobre soltar ventosidades. Desde edictos imperiales hasta una diosa que velaba por las cloacas, la flatulencia dejó una huella real en la vida romana.
La actitud romana ante las flatulencias
La cultura romana era notablemente franca respecto al cuerpo, y las flatulencias no eran una excepción. En las concurridas letrinas públicas que había en cada ciudad, los ciudadanos se sentaban unos junto a otros en largos bancos de piedra, charlando y haciendo sus necesidades con poca vergüenza. Soltar gases en estos espacios comunes era sencillamente parte de la vida diaria. Los romanos acomodados, sin embargo, cultivaban una imagen más refinada, y contener los vientos en un banquete elegante se consideraba señal de autodominio. La tensión entre la función corporal natural y el decoro social recorre los escritos romanos sobre el tema. Los médicos advertían que reprimir las flatulencias podía dañar el cuerpo, mientras que los moralistas se inquietaban por la vulgaridad de una expulsión inoportuna. Esta mezcla de pragmatismo médico y ansiedad social produjo algunos de los comentarios más memorables y citados de la antigüedad sobre el humilde pedo.
Claudio y el edicto del banquete
La anécdota romana más famosa sobre flatulencias tiene que ver con el emperador Claudio. Según el historiador Suetonio, Claudio supo de un hombre que estuvo a punto de morir por el esfuerzo de contener educadamente sus vientos durante una cena. Alarmado, el emperador habría considerado emitir un edicto que concediera a todos el derecho de soltar ventosidades libremente en los banquetes, para que ningún invitado pusiera en peligro su salud por guardar las formas. Que Claudio promulgara de verdad semejante decreto es incierto, y muchos estudiosos consideran el relato una sátira o exageración. Aun así, la historia revela una creencia romana genuina: que reprimir las flatulencias era peligroso para la salud. La anécdota circuló ampliamente en la antigüedad y se ha repetido durante dos mil años como prueba de que incluso los emperadores se tomaban en serio los peligros de un pedo contenido. Sigue siendo una de las historias de flatulencias más citadas de la historia.
Cloacina, diosa de las cloacas
La obsesión de Roma por la higiene dio origen a una de las divinidades más insólitas del mundo antiguo: Cloacina, la diosa que presidía la Cloaca Máxima, la gran alcantarilla que drenaba la ciudad. Su nombre deriva del latín cloaca, que significa desagüe o alcantarilla, y más tarde se fundió con Venus como Venus Cloacina, patrona de la purificación. Un pequeño santuario dedicado a ella se alzaba en el Foro Romano, marcando el punto por donde pasaba la alcantarilla por debajo. Aunque Cloacina gobernaba los desechos y el drenaje más que las flatulencias en concreto, su culto refleja cuán en serio se tomaban los romanos la gestión de las emisiones menos gloriosas del cuerpo. La propia Cloaca Máxima era una maravilla de la ingeniería, que arrastraba las aguas residuales y, sin duda, abundante metano. Honrar a una diosa de las cloacas era reconocer que una ciudad sana, como un cuerpo sano, tiene que dejar salir las cosas.
La flatulencia en la sátira y la medicina romanas
Los autores romanos aprovecharon las flatulencias tanto para el humor como para los consejos de salud. El satírico Marcial llenó sus epigramas de bromas sobre la digestión ruidosa, burlándose de comensales pretenciosos y sus vientres delatores. El Satiricón de Petronio, novela desenfrenada del exceso, presenta al vulgar liberto Trimalción, que anima alegremente a sus invitados a aliviar cualquier presión gaseosa en la mesa en lugar de sufrir en silencio, un eco cómico del edicto de Claudio. En el plano médico, los médicos romanos influidos por la teoría griega consideraban los vientos atrapados una causa real de enfermedad. Recetaban alimentos que dan calor, vino especiado y remedios herbales como el comino y el hinojo para aliviar el vientre y favorecer una expulsión saludable. Galeno y otros escribieron extensamente sobre la digestión y el movimiento del pneuma, es decir el aire, por el cuerpo. En Roma, pues, el pedo era a la vez un chiste, una preocupación médica y una pequeña pero reveladora ventana sobre cómo una gran civilización entendía el cuerpo humano.
¿Sabías que...?
- El historiador Suetonio relata que el emperador Claudio consideró un edicto que permitía a los invitados de los banquetes soltar ventosidades libremente, por el bien de su salud.
- Cloacina, una diosa de raíces etruscas, presidía la gran alcantarilla de Roma, la Cloaca Máxima.
- Las letrinas públicas romanas eran comunitarias, con hileras de asientos de piedra abiertos y sin tabiques para la intimidad.
- Los médicos romanos recetaban comino e hinojo, usados aún hoy, para aliviar los gases intestinales atrapados.
Dato curioso
La Cloaca Máxima, la principal alcantarilla de Roma construida hace más de 2500 años, sigue funcionando hoy como parte del sistema de drenaje de la ciudad moderna, lo que la convierte en uno de los monumentos activos más antiguos del mundo dedicados a dejar salir las cosas.
Fuentes
- Suetonio, Los doce césares (Vida de Claudio), h. 121 d. C.
- Petronio, Satiricón, siglo I d. C.
- Gowers E, The Loaded Table: Representations of Food in Roman Literature, Oxford University Press, 1993