Los pedos de los renos: rumiantes árticos, líquenes y metano
Los renos son mucho más que el trineo de Papá Noel. Como rumiantes adaptados al duro Ártico, son cubas de fermentación vivientes cuyos gases digestivos desempeñan un papel sorprendente en el ciclo del carbono del extremo norte.
Una fábrica de gas de cuatro cámaras
Los renos, como el ganado vacuno y las ovejas, son rumiantes con un estómago dividido en cuatro compartimentos: rumen, retículo, omaso y abomaso. El rumen es una enorme cámara de fermentación donde miles de millones de bacterias, protozoos y hongos descomponen la dura fibra vegetal que el animal no puede digerir por sí mismo. Esta comunidad microbiana libera ácidos grasos que el reno absorbe como energía, pero también produce grandes volúmenes de gas, sobre todo dióxido de carbono y metano. Unos microbios especializados, las arqueas metanógenas, combinan el hidrógeno y el dióxido de carbono que sobran de la fermentación y los convierten en metano. El reno regurgita el alimento parcialmente fermentado, lo vuelve a masticar como bolo y lo traga de nuevo, manteniendo todo el sistema en marcha. El resultado es un flujo continuo de gas digestivo que debe expulsarse, lo que hace del humilde reno un auténtico, aunque modesto, productor de metano de la tundra.
Líquenes: el combustible invernal que moldea el gas
Lo que distingue a los renos de la mayoría del ganado es su dieta invernal. Cuando la nieve entierra las hierbas y los arbustos, los renos cavan para alcanzar los líquenes, en especial el pálido y ramificado liquen de los renos (especies del género Cladonia). El liquen es un alimento inusual: rico en carbohidratos fácilmente fermentables pero muy pobre en proteínas, y los renos poseen microbios intestinales y enzimas como la liquenasa que les permiten aprovecharlo donde otros herbívoros morirían de hambre. Esta dieta característica remodela la fermentación en el rumen y altera cuánto metano se produce en comparación con el verano, cuando los animales pasan a hierbas, juncias, setas y hojas ricas en proteínas. Los cambios estacionales del microbioma hacen que la emisión de gas no sea constante, sino que suba y baje a lo largo del año ártico, siguiendo lo que ofrece el paisaje helado.
El metano de los renos y el clima ártico
El metano es un potente gas de efecto invernadero que, a corto plazo, atrapa mucho más calor por molécula que el dióxido de carbono, por lo que los científicos que estudian el calentamiento ártico prestan atención a cada fuente. Un reno individual emite mucho menos metano que una vaca lechera, porque es más pequeño y come menos, pero hay millones de renos y caribúes salvajes y semidomésticos alrededor del hemisferio norte. Investigadores de Noruega, Suecia y Finlandia han medido las emisiones de metano de los renos para incluir a estos animales en los balances regionales de gases de efecto invernadero. Las cifras importan porque el Ártico se calienta varias veces más rápido que la media mundial, y comprender cada contribución, desde el permafrost que se derrite hasta los rebaños que pastan, ayuda a modelar el futuro de la región. Las emisiones de los renos son pequeñas frente a las fuentes industriales, pero son un hilo real y medible en la enredada historia del carbono de la tundra.
Eructos, pedos y un mito persistente
Es tentador culpar a las flatulencias de los renos de su contribución al efecto invernadero, pero la verdad es menos grosera. En los rumiantes, la abrumadora mayoría del metano, a menudo estimada en más del noventa por ciento, sale por la boca en forma de eructos, la eructación, y no por el otro extremo. El gas generado en el rumen asciende y se libera mientras el animal rumia, así que la huella climática de un reno se eructa más que se pedorrea. Las verdaderas flatulencias también ocurren, producidas por la fermentación más adelante en el intestino, pero son la vía menor. Los renos han sido pastoreados durante miles de años por pueblos árticos como los sami, que conocen íntimamente a estos animales, y la ciencia moderna solo ha añadido detalles a esa antigua relación, revelando el laborioso motor microbiano y gaseoso que zumba dentro de cada reno.
¿Sabías que...?
- En rumiantes como los renos, más del noventa por ciento del metano se libera al eructar, no al ventosear.
- Los renos sobreviven al invierno con líquenes, un alimento tan pobre en proteínas que la mayoría de los herbívoros moriría de hambre con él.
- Los metanógenos, los microbios que producen metano en el intestino del reno, son arqueas: un dominio de la vida distinto de las bacterias comunes.
- La emisión de metano de un reno cambia con las estaciones, mientras sus microbios intestinales alternan entre el liquen invernal y el verdor estival.
Dato curioso
El liquen de los renos que alimenta al animal durante el invierno ártico no es un musgo en absoluto, sino un liquen, una unión entre un hongo y un alga, y son los microbios que lo fermentan los que finalmente convierten ese extraño alimento en gas.
Fuentes
- Storeheier et al., Nutritive value of terricolous lichens for reindeer in winter, The Lichenologist, 2002
- Hansen et al., Methane emissions from reindeer and their role in Arctic greenhouse-gas budgets, Rangifer / Polar Research, 2010
- Aagnes, Sørmo & Mathiesen, Ruminal microbial digestion in free-living reindeer, Applied and Environmental Microbiology, 1995