💊 Medicina y Salud

Pedos en el avión: la ciencia de la flatulencia en pleno vuelo

¿Por qué a 10.000 metros todos parecen tener más gases? La física de la presión en cabina, la biología del gas atrapado y un célebre artículo médico apuntan a una respuesta honesta.

Por qué el gas se expande en altura

La razón principal por la que volar nos da más gases es una física maravillosamente simple. La ley de Boyle establece que, a temperatura constante, el volumen de un gas aumenta a medida que disminuye la presión que lo rodea. Los aviones comerciales modernos vuelan entre 9.000 y 12.000 metros, donde el aire exterior es demasiado tenue para respirar. Por eso las cabinas se presurizan, pero solo al equivalente de unos 1.800 a 2.400 metros de altura, no al nivel del mar. A esa presión reducida, cualquier gas ya atrapado en tus intestinos se expande alrededor de un 20 a 30 por ciento. Una cantidad de gas cómoda en tierra se convierte en el aire en un volumen notablemente mayor e insistente, que presiona contra la pared intestinal y exige salir. Es el mismo principio que hincha una bolsa de patatas sellada en el compartimento superior.

La cabina sellada y tu intestino

Tu tracto digestivo suele albergar una reserva modesta de gas producida por el aire tragado y por bacterias que fermentan la comida en el colon. En tierra ese gas se libera de forma gradual y discreta. Durante el ascenso, la caída de presión en cabina obliga a esa reserva a expandirse rápidamente, y las únicas salidas del cuerpo son eructar hacia arriba o ventosear hacia abajo. El efecto se amplifica con los alimentos y bebidas típicos del viaje: refrescos con gas, aperitivos salados, legumbres y comidas copiosas aportan material fermentable o gas disuelto. La ansiedad y las largas horas sentado ralentizan la digestión y favorecen tragar aire. El resultado es que gran parte de los pasajeros se siente hinchada ya en la primera hora de vuelo.

¿Aguantarlo o soltarlo?

En 2013, un equipo de gastroenterólogos publicó un artículo realmente revisado por pares titulado "Flatulence on airplanes: just let it go" en el New Zealand Medical Journal. Su conclusión, tras revisar la fisiología, fue refrescantemente directa: retener el gas causa malestar, hinchazón, indigestión e incluso estrés en la pared intestinal, mientras que soltarlo alivia todo eso. Sopesaron la incomodidad social frente al daño físico y se decantaron con firmeza por dejarlo salir, idealmente con discreción. Los autores incluso especularon, medio en serio, con cojines de asiento con carbón activado para neutralizar el olor. Su mensaje juguetón pero científicamente sólido es que el intestino humano no está diseñado para almacenar gas en expansión bajo presión.

Consejos prácticos para un vuelo más tranquilo

No puedes derogar las leyes de la física, pero sí reducir la materia prima. El día antes de volar, ve con calma con las legumbres, la col, las cebollas y otros alimentos notoriamente fermentables, y limita las bebidas gaseosas y el chicle, que ambos introducen aire tragado. Come comidas más pequeñas y tranquilas y bebe agua sin gas en lugar de refrescos durante el vuelo. Caminar por el pasillo cuando la señal del cinturón esté apagada mantiene el intestino en movimiento y ayuda a que el gas salga poco a poco en vez de acumularse. Si sabes que eres propenso a la hinchazón, un producto de simeticona sin receta puede ayudar a romper las burbujas de gas. Y cuando soltarlo sea inevitable, la literatura médica y la cortesía coinciden: déjalo salir en silencio.

¿Sabías que?

Dato curioso

Los autores del estudio de 2013 propusieron, medio en serio, forrar los asientos de avión con carbón activado para absorber el olor, e incluso probaron ropa interior con carbón incorporado para proteger la nariz de los demás pasajeros.

Fuentes

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