Pedos y ayuno: qué les pasa a tus gases cuando dejas de comer
Cuando ayunas, el alimento que normalmente nutre a tus bacterias intestinales deja de llegar, pero tu intestino nunca queda del todo en silencio. El resultado es un cambio sorprendente y a menudo pasado por alto en cómo, cuándo y cuánto te tiras pedos.
Por qué el ayuno cambia tus gases
El gas intestinal es en su mayoría un subproducto de la fermentación bacteriana en el colon. Cuando comes, los carbohidratos no digeridos, como la fibra y ciertos azúcares, llegan al intestino grueso, donde billones de microbios los descomponen y liberan hidrógeno, dióxido de carbono y, en algunas personas, metano. Durante el ayuno, ese suministro constante de material fermentable se agota, por lo que la materia prima para la producción de gases disminuye bruscamente. La mayoría de las personas nota pedos menos frecuentes y menos voluminosos tras el primer día sin comer. Sin embargo, el intestino nunca está realmente vacío: las bacterias siguen alimentándose de células intestinales desprendidas, moco y material residual, de modo que persiste un leve hilo de gas. El ayuno también desencadena una contracción rítmica de limpieza llamada complejo motor migratorio, que arrastra el gas y los restos sobrantes, y por eso un estómago vacío puede rugir con fuerza.
La ciencia de la fermentación reducida
El volumen de flatulencia que produces está estrechamente ligado a cuánto sustrato fermentable llega a tu colon. Los estudios sobre la fisiología de los gases muestran que una dieta rica en fibra y carbohidratos fermentables puede elevar la producción diaria de gas muy por encima de los dos litros, mientras que una dieta casi de ayuno o elemental la reduce drásticamente. Al ayunar, el intestino delgado termina de absorber la última comida en cuestión de horas y, después, apenas llega sustrato nuevo. La producción de hidrógeno y metano —los gases responsables de la mayor parte del volumen— disminuye en consecuencia. Es medible: las pruebas de aliento con hidrógeno, que detectan la fermentación, suelen mostrar valores basales bajos tras un ayuno nocturno, y por eso se pide a los pacientes que no coman antes de la prueba. Los gases que quedan tienden a provenir del aire tragado y de la lenta fermentación de las secreciones endógenas, más que de tu última comida.
La realimentación y el regreso de los gases
La fase más silenciosa del ayuno suele ir seguida de un ruidoso rebote. Cuando rompes el ayuno, sobre todo con una comida abundante o rica en fibra, una avalancha de sustrato fresco llega de repente a un colon cuyas bacterias han estado comparativamente inactivas. La fermentación se acelera rápidamente y muchas personas experimentan un estallido de hinchazón y flatulencia pocas horas después de volver a comer. Romper un ayuno prolongado con alimentos ricos en FODMAP —frijoles, cebollas, verduras crucíferas o polialcoholes— tiende a producir los gases más aparatosos. Los nutricionistas recomiendan reincorporarse poco a poco con comidas más pequeñas y suaves, para dar al microbioma y a la motilidad intestinal tiempo de reajustarse. Para quienes practican el ayuno intermitente, este ciclo se repite a diario: una ventana de ayuno tranquila seguida de un periodo digestivo más animado en cuanto se abre la ventana de alimentación.
Ayuno, microbioma y olor
El ayuno prolongado hace mucho más que reducir el volumen de gases; remodela gradualmente la propia comunidad microbiana. Con menos carbohidratos dietéticos disponibles, las bacterias que fermentan la fibra se vuelven menos activas, mientras que los microbios capaces de usar proteínas y moco ganan terreno. Este cambio puede modificar el olor de los gases que sí expulsas. El mal olor procede principalmente de compuestos que contienen azufre, como el sulfuro de hidrógeno, producido cuando las bacterias descomponen proteínas y aminoácidos ricos en azufre. Algunas personas informan de que sus ocasionales pedos de ayuno huelen sorprendentemente fuerte a pesar de ser pocos, una señal de que el metabolismo de las proteínas y el azufre predomina sobre la fermentación de carbohidratos. La investigación sobre el ayuno y el intestino también relaciona estos cambios microbianos con alteraciones de la función de barrera intestinal y la inflamación, un campo de estudio muy activo en nutrición y gastroenterología.
¿Sabías que...?
- La producción de gases puede caer más de la mitad en un solo día de ayuno porque el colon se queda sin combustible fermentable.
- El fuerte rugido de un estómago vacío es en gran parte gas y líquido arrastrados por el complejo motor migratorio.
- Las pruebas de aliento con hidrógeno exigen un ayuno nocturno precisamente porque el ayuno reduce los gases de fermentación de base.
- Romper el ayuno con frijoles o verduras crucíferas puede desencadenar un estallido desmesurado de flatulencia.
Dato curioso
Durante un ayuno largo, tu intestino básicamente cambia a sus bacterias de un bufé de carbohidratos a una dieta de proteínas y moco, y por eso el escaso pedo que llegas a producir puede oler mucho más fuerte de lo habitual.
Fuentes
- Levitt MD, Bond JH, Volume, Composition, and Source of Intestinal Gas, Gastroenterology, 1970
- Suarez FL, Levitt MD, An Understanding of Excessive Intestinal Gas, Current Gastroenterology Reports, 2000
- de Cabo R, Mattson MP, Effects of Intermittent Fasting on Health, Aging, and Disease, New England Journal of Medicine, 2019