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Los pedos de los canguros: los marsupiales de bajo metano

Los canguros se convirtieron en celebridades científicas cuando los investigadores descubrieron que su digestión libera mucho menos metano que la de vacas y ovejas. El porqué es una fascinante historia de microbios intestinales, ciencia del clima y unos cuantos mitos derribados.

El misterio del metano en el outback

Al igual que el ganado vacuno y las ovejas, los canguros son fermentadores de preestómago: dependen de una gran cámara llena de microbios para descomponer plantas duras y fibrosas antes de que continúe la digestión. En los rumiantes, esta fermentación genera enormes volúmenes de metano, un potente gas de efecto invernadero eructado y expulsado por miles de millones de cabezas de ganado en todo el mundo. Durante décadas, los científicos notaron algo curioso en los canguros: a pesar de comer dietas herbáceas similares, parecían liberar sorprendentemente poco metano. Esta observación convirtió al humilde marsupial en un icono inesperado de la investigación climática. Si los canguros podían fermentar plantas de forma eficiente sin producir tanto metano, comprender su química digestiva podría dar pistas para reducir las emisiones de la agricultura. El misterio desató una ola de estudios sobre qué vive exactamente en el intestino de un canguro y en qué se diferencia del de una vaca.

Fermentadores de preestómago sin el metano

El secreto reside en la comunidad microbiana del preestómago del canguro. En el ganado vacuno, unas arqueas llamadas metanógenos consumen el hidrógeno producido durante la fermentación y lo convierten en metano. Los canguros, en cambio, albergan un equilibrio distinto de microbios dominado por bacterias como Succinivibrio y otros acetógenos. En lugar de canalizar el hidrógeno hacia el metano, estos microbios favorecen un proceso llamado acetogénesis reductiva, que combina hidrógeno y dióxido de carbono para formar acetato, un ácido graso útil que el animal puede absorber como energía. El resultado es un sistema de fermentación que elimina el hidrógeno sin generar mucho metano, a la vez que extrae más nutrición del mismo bocado de hierba. Esta elegante alternativa microbiana ayuda a explicar por qué los canguros prosperan con la pobre vegetación australiana manteniendo una huella de metano comparativamente modesta.

Lo que reveló realmente la investigación

El entusiasmo inicial sugería que los canguros apenas producían metano, pero las mediciones cuidadosas contaron una historia más matizada. Un estudio de 2015 muy citado, con canguros colocados en cámaras de respiración, midió directamente su emisión de gases. Los animales sí producían metano, solo que mucho menos por unidad de alimento que el ganado vacuno o las ovejas. Sus emisiones eran aproximadamente comparables a las de herbívoros no rumiantes como los caballos, y el rendimiento de metano incluso descendía en relación con la ingesta a medida que los animales comían más. En otras palabras, los canguros no son máquinas mágicas de cero metano, pero realmente son de bajas emisiones. Los hallazgos atemperaron parte del entusiasmo inicial al tiempo que confirmaban la idea central: la digestión de los marsupiales realmente mantiene a raya el metano de una forma que el intestino de los rumiantes simplemente no logra.

¿Pueden los microbios del canguro combatir el cambio climático?

La pregunta tentadora es si las bacterias intestinales del canguro podrían trasplantarse al ganado para recortar el metano agrícola, que representa una gran parte de las emisiones de origen humano. Algunos investigadores, incluidos equipos en Australia, aislaron bacterias acetógenas de canguros y ualabíes con la esperanza de implantarlas en el rumen de las vacas. En la práctica esto resultó difícil: el ecosistema microbiano ya presente en la vaca tiende a desplazar a los recién llegados, y los metanógenos se restablecen rápidamente. Aun así, la bioquímica del canguro sigue inspirando estrategias alternativas, desde aditivos alimentarios como algas y 3-NOP que inhiben a los metanógenos, hasta la cría selectiva de animales de bajas emisiones. Aunque quizá nunca demos a las vacas simplemente un 'intestino de canguro', estudiar a estos marsupiales ha profundizado la comprensión de cómo desviar el hidrógeno lejos del metano, una palanca clave para hacer la producción de alimentos más sostenible.

¿Sabías que?

Dato curioso

Australia ha planteado, medio en serio, criar más canguros para obtener carne de bajo metano, una propuesta que situó la digestión de los marsupiales en el centro de la agenda climática nacional.

Fuentes

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