Pedos y carbón activado: ¿de verdad reduce el olor?
El carbón activado es uno de los remedios más antiguos y publicitados contra las flatulencias malolientes, y aparece en pastillas, cojines e incluso en ropa interior. Pero ¿respalda la ciencia tanta expectación?
¿Qué es el carbón activado?
El carbón activado es un material de carbono corriente —normalmente obtenido de cáscaras de coco, madera o turba— que se calienta a temperaturas muy altas y se trata con vapor o gases hasta quedar atravesado por millones de poros microscópicos. Este proceso, llamado activación, crea una enorme superficie interna: un solo gramo puede ofrecer más de 1.000 metros cuadrados de superficie, aproximadamente el tamaño de varias pistas de tenis. Ese vasto paisaje poroso permite al carbón atrapar moléculas mediante un proceso llamado adsorción, en el que los gases y compuestos disueltos se adhieren a la superficie del carbono en lugar de ser absorbidos por él. Gracias a esta propiedad, el carbón activado se ha usado durante siglos en la filtración de agua, en las máscaras antigás y en la medicina de urgencias para fijar venenos en el estómago. Su fama como remedio contra las flatulencias procede directamente de esta notable capacidad de capturar las moléculas causantes del olor.
La química de atrapar el olor
El olor desagradable de las flatulencias proviene sobre todo de gases que contienen azufre, ante todo el sulfuro de hidrógeno, junto con el metanotiol y el sulfuro de dimetilo. Estas moléculas son potentes: la nariz humana detecta el sulfuro de hidrógeno en concentraciones de apenas unas pocas partes por mil millones. El carbón activado puede adsorber una parte de estos compuestos de azufre en su superficie porosa, y las pruebas de laboratorio en recipientes cerrados muestran que puede reducir de forma sustancial los niveles de sulfuro medidos. Sin embargo, dentro del intestino humano las condiciones son muy distintas de las de un matraz de laboratorio. El colon es cálido, húmedo y está lleno de restos de comida, moco y bacterias que compiten por los sitios de unión del carbón. Cuando el carbón ha recorrido el tubo digestivo, buena parte de su superficie puede estar ya saturada, dejando menos capacidad para atrapar los gases producidos más adelante. Esta brecha entre el rendimiento de laboratorio y la complicada biología explica gran parte del debate científico que sigue abierto.
Pastillas, cojines y ropa interior con carbón
Los fabricantes han seguido dos enfoques muy distintos con el carbón y los gases intestinales. El primero es oral: cápsulas y comprimidos que se tragan antes o después de comer con la esperanza de fijar los gases en el intestino. Los ensayos clínicos con carbón oral han dado resultados contradictorios: algunos estudios iniciales informaron de menos hidrógeno en el aliento y menos hinchazón, mientras que ensayos posteriores y mejor controlados hallaron poco beneficio constante. El segundo enfoque aborda el problema a la salida. Los cojines forrados de carbón y la ropa interior tejida de forma especial contienen una capa de tela de carbón activado diseñada para adsorber los gases de azufre a su paso. Estudios controlados que inyectaban flatulencia artificial dentro de pantalones hallaron que las prendas con carbón grueso eliminaban la gran mayoría de los gases de azufre, mientras que las almohadillas finas impregnadas de carbón eran mucho menos eficaces. Para muchos usuarios, el beneficio práctico de estas prendas es más fiable que el de las pastillas.
Seguridad, límites y alternativas mejor probadas
El carbón activado se considera en general seguro para un uso breve, pero no es inocuo. Puede fijar medicamentos —incluidas las píldoras anticonceptivas, algunos fármacos para el corazón y antidepresivos— y reducir su eficacia, por lo que debe tomarse muy lejos en el tiempo de otros medicamentos. Con frecuencia provoca heces negras inofensivas y puede causar estreñimiento. No aporta ningún valor nutritivo y no soluciona la causa de fondo del exceso de gases. Para quienes sufren flatulencias, los cambios en la dieta suelen dar resultados más fiables: reducir los alimentos con alto contenido en FODMAP, comer más despacio para tragar menos aire e identificar los alimentos desencadenantes personales, como las legumbres, la cebolla o los lácteos. El subsalicilato de bismuto, principio activo de algunos remedios antidiarreicos, cuenta con pruebas más sólidas para reducir el olor de los gases de azufre. Quien note cambios repentinos, intensos o persistentes en los gases y en el ritmo intestinal debería acudir al médico en lugar de recurrir al carbón.
¿Sabías que...?
- Un solo gramo de carbón activado puede tener una superficie interna de más de 1.000 metros cuadrados.
- La nariz humana huele el sulfuro de hidrógeno —un gas principal de los pedos— con apenas unas pocas partes por mil millones.
- La ropa interior con carbón se probó inyectando cantidades medidas de gas artificial en pantalones sellados.
- El carbón activado puede fijar medicamentos con receta, por lo que nunca debe tragarse junto con otros fármacos.
Dato curioso
En los servicios de urgencias, el mismísimo carbón activado que se vende como suplemento contra los gases se administra a cucharadas para absorber venenos ingeridos: un recordatorio de con cuánta fuerza se aferra a las moléculas errantes.
Fuentes
- Suarez FL, Furne J, Springfield J, Levitt MD, The Journal of Nutrition, 'Bismuth subsalicylate markedly decreases hydrogen sulfide release in the human colon', 1998
- Ohge H et al., 'Effectiveness of devices purported to reduce flatus odor', American Journal of Gastroenterology, 2005
- Hall RG, Thompson H, Strother A, 'Effects of orally administered activated charcoal on intestinal gas', American Journal of Gastroenterology, 1981
- Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, 'Dictamen científico sobre el carbón activado y la reducción de las flatulencias', 2011